¿Tiene consciencia el universo?: del fisicalismo al pampsiquismo ascendente.

 

El universo es un mar de misterios en cuyo seno el hombre navega auxiliado por la sola luz de su consciencia. Pero, ¿no es esta luz una cosa más en este misterioso mar? Es decir, ¿no pertenece la consciencia también al universo? ¿Qué relación existe, pues, entre el universo y la consciencia que lo mira? El famoso astrofísico y divulgador científico Carl Sagan afirmaba en su popular serie Cosmos lo siguiente: “Una parte de nuestro ser sabe que es de aquí [de la materia estelar] de donde procedemos. Ansiamos volver, y podemos hacerlo. Porque el cosmos también está dentro de nosotros: estamos hechos de materia estelar, y somos el medio para que el cosmos se conozca a sí mismo”. Conocerse a sí mismo… este era el clásico aforismo griego inscrito en el templo de Apolo en Delfos, según nos cuenta Pausanias: γνωθι σεαυτόν (gnóthi seautón)… “conócete a ti mismo”, precepto moral que según el poeta romano Juvenal es un precepto que descendió del cielo.  Ahora bien, decir que el universo entero, a través de las diversas formas de consciencia que en él habitan, se conoce a sí mismo —¡Vaya!— es un pensamiento profundísimo que raya en el misticismo. Pues bien, me encontré con un artículo sumamente interesante del científico y filósofo Bernardo Kastrup que se titula “The Universe in Consciousness”,[1] ensayo que intenta indagar precisamente el papel que tiene la consciencia en el universo. Sus conclusiones son fascinantes. Lo que Kastrup propone en su ensayo es una ontología idealista que da cuenta de la realidad de una manera —dice—  más frugal y empíricamente rigurosa que otras doctrinas como el fisicalismo, el pampsiquismo ascendente y el cosmopsiquismo, doctrinas filosóficas que, con todo y que son rigurosas y tienen un alto poder explicativo, se enfrentan a varios problemas que según Kastrup sólo su propuesta resuelve satisfactoriamente.

Su propuesta se resume como sigue:  Lo único que hay es consciencia cósmica. Los seres humanos y todos los organismos vivos no son sino una especie de álter egos disociados de esta consciencia cósmica, misma que está rodeada de sus pensamientos. El mundo inanimado que vemos alrededor de nosotros es la apariencia extrínseca de estos pensamientos. Los organismos vivientes con los que compartimos el mundo son las apariencias extrínsecas de esos álter egos disociados. En fin, el universo entero sería algo así como una consciencia cósmica que, sin embargo, sufre de algo parecido a un trastorno de personalidad múltiple o, como se le conoce actualmente en psiquiatría, un trastorno de identidad disociativo (TID). Sí, algo parecido a lo que sufría “Jack” (Edward Norton) en la película Fight Club, cuyo álter ego Tyler Durden (Brad Pitt) se empecinaba en embrollar su vida, o, más recientemente, algo como lo que sucede en Split, largometraje que relata el secuestro de tres adolescentes por “Dennis”, una de las veintitrés personalidades presentes en la mente de Kevin Wendell Crumb (James McAvoy) quien sufriera abuso en la infancia y que estaba diagnosticado con TID.

Pues bien, según Bernardo Kastrup algo similar pasa con el universo. Éste sería una gigantesca consciencia cósmica fragmentada en múltiples consciencias. En esta y algunas entradas más me dedicaré a realizar una traducción, un resumen y un comentario de este interesante artículo.

Kastrup hace primero un breve recorrido por la literatura relevante del problema, exponiendo para ello los avances de algunas doctrinas rivales y explicando los problemas que éstas han dejado irresueltos. Kastrup salta de una doctrina a otra, mostrando como los problemas de una son resueltos por otra, misma que cae en otros problemas que son resueltos por una tercera, etc., hasta que llega al marco teórico desde donde lanza su propia propuesta.

 

  1. La ontología fisicalista dominante y sus problemas

El primer turno le toca al fisicalismo, tesis que plantea que todo lo que hay tiene, en última instancia, una naturaleza física. Según la Stanford Encyclopedia of Philosophy, el fisicalismo pretende ser una tesis metafísica, paralela a la tesis atribuida al filósofo de la Grecia antigua Tales de Mileto quien sostenía que todo estaba compuesto de agua, o al idealismo de Berkeley quien en el siglo XVIII proponía que toda realidad tenía una naturaleza mental (tesis que, como veremos, se acerca mucho a la de Kastrup). La idea general del fisicalismo es que la naturaleza del universo y todo lo que hay en él se conforma a cierta condición: la de ser físico. Los fisicalistas, por supuesto, no niegan que en el mundo existan entidades que a primera vista no parecen tener una naturaleza física —entidades, por ejemplo, psicológicas, morales o sociales—, pero insisten en que, sea como sea, esas entidades son en última instancia físicas o “sobrevienen” en lo físico.[1] Así pues, y en lo que a nuestra mente se refiere, la corriente dominante del fisicalismo plantea que la realidad está constituida por entidades físicas que están “fuera” de nuestra conciencia fenoménica y son independientes a ella. Estas entidades no serían otras que las partículas elementales subatómicas que los físicos teóricos estudian (quarks, neutrinos, bosones, leptones, etc.), entidades que por sí mismas no tienen ninguna propiedad fenoménica e incluso carecen de cualidades objetivas como color, sabor, olor, etc. ¿Cómo se explican entonces los fisicalistas nuestra experiencia fenoménica, es decir, nuestra consciencia? Es sencillo: las partículas elementales forman conglomerados organizados y sumamente complejos (como nuestro sistema nervioso) de donde emerge luego la experiencia fenoménica tal y como la conocemos.

 

 

Ahora bien, los detractores del fisicalismo objetan que esto no es tan sencillo como parece. Para ellos, el problema se centra en que es imposible explicar cómo nuestras experiencias subjetivas sobre cualidades —por ejemplo, sentir el calor del fuego, ver rojo de una manzana o experimentar la amargura de una decepción— pueden surgir a partir del mero agregado y organización de las partículas últimas. Sin duda —acepta Kastrup— estas partículas poseen propiedades relacionales abstractas como masa, spin, momentum o carga, pero no hay nada en la masa, el momentum, el spin o la carga, o en las posiciones relativas e interacciones entre estas partículas de las cuales se pueda deducir cómo es sentir subjetivamente el calor del fuego, percibir el rojo de la manzana o experimentar la amargura de una decepción. El filósofo Joseph Levine lo llamó el problema de la “brecha explicativa” (explanatory gap),[2] y más recientemente David John Chalmers lo llamó “el problema duro de la consciencia”. Se puede resumir así: las cualidades de la experiencia no pueden ser reducidas a ningún parámetro observado de arreglos u organizaciones físicas —cualquiera que estás sean— en el sentido de que es imposible, incluso por principio, deducir esas cualidades de esos parámetros. En otras palabras, no parece haber ninguna vinculación o consecuencia lógica desde hechos sobre las partículas elementales hacía hechos de experiencia, por lo que las propiedades fenoménicas no pueden ser reducidas a ningún tipo de hechos sobre partículas elementales. ¿Pues cómo pasar —objetan los detractores del fisicalismo— de quarks con carga de + 2/3 y de – 1/3, a la sensación de abandono y nostalgia que siento mientras absorbo el café caliente de mi taza? Según muchos críticos, esta y otras preguntas similares hacen que las tesis fisicalistas sean insostenibles.

 

  1. La consciencia como propiedad de la materia

Si el fisicalismo, por los problemas que plantea, se vuelve insostenible, ¿qué hacer? Pues bien, desde René Descartes, una de las más reconocidas alternativas al fisicalismo es el dualismo sustancial: si no podemos reducir las propiedades fenoménicas a elementos físicos, entonces lo fenoménico y lo físico (la mente y la materia) deben ser dos clases ontológicas fundamentales distintas. Esto es lo que proponía Descartes en el siglo XVII cuando decía que no hay sino dos sustancias en el mundo: la materia extensa (física) y el pensamiento (experiencia fenoménica). Como puede verse, éste último ya no se reduce al primero sino que forma una categoría aparte. Ahora bien, es evidente que entre ambos hay cierta interacción, pues los eventos fenoménicos pueden provocar eventos físicos (como cuando siento un dolor que me obliga a levantar el brazo), y viceversa (como cuando la aguja penetra en mi piel y yo siento dolor). Lo fenoménico y lo físico, puesto que interaccionan mutuamente, deben estar conectados causalmente, razón por la cual una de las principales versiones del dualismo sustancial fue nombrado interaccionismo. Pero ahora nos topamos con otro problema que Chalmers resume como sigue: el dominio físico —según hemos comprobado por el método científico—  parece estar causalmente cerrado, es decir, no parece que los eventos físicos que suceden en la naturaleza tengan causas que no sean a su vez físicas. Una causa produce un efecto que es a su vez causa de otro(s) efectos(s), pero toda la cadena no sale nunca del dominio de lo físico. El universo es, pues, como un gran reloj cuyo funcionamiento es ciento por ciento mecánico. De esta manera, cualquier influencia causal que nosotros atribuyamos a algún evento del orden de lo fenoménico deberá ser, en última instancia, una influencia física. En resumen —afirma Kastrup— no parece haber lugar en la cadena causal para las propiedades fenoménicas. ¡Pero esto nos devuelve al fisicalismo y a su insuperable problema de la “brecha explicativa”!

Es aquí donde empieza lo bueno. Kastrup, andando el camino que lo llevará a su propia propuesta, llega a la atrevida tesis de Chalmers según la cual habría una tercera alternativa, una especie de ‘síntesis hegeliana’ entre el fisicalismo duro y el dualismo sustancial. Esta síntesis propondría algo extraordinario: las partículas elementales serían fundamentalmente conscientes. Si el problema principal del fisicalismo dominante es su incapacidad para dar cuenta de las propiedades fenoménicas, y si el dualismo sustancial parece devolvernos al fisicalismo, entonces la salida más obvia es postular que al menos algunas partículas elementales también tienen propiedades fenoménicas fundamentales. En palabras del filósofo Galen Strawson, “Asumiendo, pues, que hay una pluralidad de ultimates [partículas elementales], por lo menos algunas de ellas deben ser intrínsecamente experienciales, es decir, deben implicar o suponer experiencia de manera intrínseca”.[3] Kastrup llama a estas nuevas entidades “phenomenal ultimates”, lo que se podría traducir como “partículas fenoménicas fundamentales”. Nos arroja a una doctrina que podríamos llamar —dice Kastrup—  pampsiquismo ascendente, y su idea general es que, al postular propiedades fenoménicas fundamentales, se evita el tener que reducir las propiedades fenoménicas a entidades puramente físicas y por lo tanto se evade del “problema duro de la consciencia” del fisicalismo. Además, son propiedades que, por ser fundamentales y existir a la par que las físicas, sí pueden incluirse en el nexo causal, por lo que también evade los problemas en que caía el dualismo sustancial. Es una tesis sin duda aventurada, pues sostiene que todo lo que hay en el universo, de alguna manera, lleva ya algo de consciencia. ‘Pampsiquismo’ viene del griego pan (todo) y psyje (alma). Es, pues, un término que designa a aquellas doctrinas que sostienen que lo mental es ubicuo y fundamental en el mundo natural, o, en otras palabras, que toda realidad tiene una naturaleza psíquica o es de algún modo anímica.[4] Y es “ascendente” porque las propiedades fenoménicas fundamentales mínimas llegarían, por agregación y organización, a formas macro de experiencia fenoménica como la nuestra.

Como podemos ver, la especulación filosófica es de vital importancia para la ciencia, así sólo sea para aventurar hipótesis y desecharlas en la medida en que se puedan ir refutando. Nos falta todavía un tramo para llegar a la tesis de Kastrup, quien verá en el pampsiquismo ascendente nuevos problemas que, con todo, se acerca cada vez más a la tesis de un universo consciente fragmentado en personalidades disociadas. Esto, sin embargo, lo veremos en las siguientes entregas. Puedes continuar aquí, donde abundo un poco más en las críticas al fisicalismo y en la propuesta del pampsiquismo ascendente.

 

¡No olviden sus comentarios!

 

[1] En “Physicalism”: https://plato.stanford.edu/entries/physicalism/

[2] Su artículo se puede encontrar aquí: http://course.sdu.edu.cn/G2S/eWebEditor/uploadfile/20140227112822014.pdf

[3] Galen Strawson, Consciousness and Its Place in Nature, pág. 24.

[4] En “Panpsychism”: https://plato.stanford.edu/entries/panpsychism/

 

[1] Journal of Consciousness Studies, 25, No. 5–6, 2018, pp. 125–55.

 

 

13 thoughts on “¿Tiene consciencia el universo?: del fisicalismo al pampsiquismo ascendente.

  1. MaGaO

    O simplemente la consciencia es un estadio en la emergencia de la inteligencia, el color rojo es solo una etiqueta y el calor otra. Y no hace falta contar cuántos ángeles caben en la punta de un alfiler.

    • Claudio Arrieux

      Gracias por tu comentario, MaGaO. El problema que ven los críticos del fisicalismo no es tanto el de qué “etiquetas” ponerle a los fenómenos, sino el hecho mismo de que haya fenómenos percibidos por una consciencia. Según ellos, el paso de lo físico a lo consciente es imposible de explicar. Saludos!

      • MaGaO

        Imposible, imposible… me parece que hay suficientes especies con suficientes niveles de “inteligencia” como para descartar que la consciencia sea otro producto evolutivo más.

        • Claudio Arrieux

          Eso no se cuestiona. Lo que se propone es que para que la consciencia haya podido ser un producto evolutivo en el universo, de alguna manera las partículas elementales tendrían que tener algo de consciencia, aunque fuere mínima.

          • MaGaO

            La bioquímica de la vida no se rige por leyes distintas al resto de la química y la consciencia no es, hasta donde indican las evidencias, más que producto del estado electroquímico puntual del cerebro.
            No se considera que las partículas de un ser vivo estén vivas por ser parte de él y no debería considerarse que tienen consciencia solo porque él ser vivo en cuestión la tenga.

          • Claudio Arrieux

            Bueno, eso es precisamente lo que está en cuestión. Lo que los detractores del fisicalismo niegan es precisamente que de lo que es puramente físico puedan surgir propiedades conscientes. Cierto que la posición que tú defiendes es la más aceptada y que la propuesta de este autor es controvertida, pero ¿no se trata de eso la filosofía? ¿No debemos cuestionar lo que es para nosotros más incuestionable? Como decía Heráclito, “Si no se espera lo inesperado, jamás de hallará”. Creo que hay que darle oportunidad a estas teorías alternativas y no dar nada por sentado, pues de otra manera nuestra actitud sería poco filosófica. El artículo de Kastrup fue publicado en una revista especializada con mucho prestigio y apareció también en la revista Scientific American. Se está hablando mucho de él y de posiciones similares a la suya. ¿No te parece que hay que darle una oportunidad y tratar de pensar más allá de nuestras cómodas convicciones?

          • MaGaO

            “Bueno, eso es precisamente lo que está en cuestión. Lo que los detractores del fisicalismo niegan es precisamente que de lo que es puramente físico puedan surgir propiedades conscientes.”
            Las evidencias no los apoyan.
            ” Cierto que la posición que tú defiendes es la más aceptada y que la propuesta de este autor es controvertida, pero ¿no se trata de eso la filosofía? ¿No debemos cuestionar lo que es para nosotros más incuestionable?”
            Se puede cuestionar lo que se quiera pero, antes o después, hay que evaluarlo ante las evidencias y/o la lógica. Hasta el momento, el concepto de una consciencia inasequible desde la evolución emergente de la inteligencia me suena a argumento de complejidad irreducible y, como ocurrido con otros argumentos de complejidad irreducible, no veo que aguante bien a la luz de las evidencias.
            ” Como decía Heráclito, “Si no se espera lo inesperado, jamás de hallará”. Creo que hay que darle oportunidad a estas teorías alternativas y no dar nada por sentado, pues de otra manera nuestra actitud sería poco filosófica.”
            El problema es que estas disquisiciones filosóficas entran de lleno en el mundo material y, por ello, son contrastables.
            ” El artículo de Kastrup fue publicado en una revista especializada con mucho prestigio y apareció también en la revista Scientific America.”
            Ad verecundiamm
            “Se está hablando mucho de él y de posiciones similares a la suya.”
            Ad populum.
            ” ¿No te parece que hay que darle una oportunidad y tratar de pensar más allá de nuestras cómodas convicciones?”
            Tiene la oportunidad de demostrarlo: que encuentre cómo presentar la consciencia de una partícula. Claro que entonces ya no será filosofía pura sino ciencia (al menos en parte) y es más cómodo trabajar sobre el papel, que lo aguanta todo.

          • Claudio Arrieux

            Yo pensaba que el problema mente-cuerpo era a la fecha uno de los problemas filosóficos más peliagudos, discutidos e irresueltos y que distaba mucho de ser una “evidencia” que la consciencia surja así como así de elementos puramente físicos. Existen muchas teorías que lo intentan explicar: el dualismo sustancial, el monismo fisicalista, el epifenomenismo, el pampsiquismo.. ninguno de los cuales ha podido presentar “evidencias” que confirmen sus tesis. En lo que a mí respecta ni las mejores mentes han podido aún desentrañar el misterio de cómo surge la consciencia de los procesos físico-químicos del cerebro, por lo que no me parece descabellado que siga habiendo teorías que intentan explicarlo postulando ciertas propiedades fenoménicas (aunque no consciencia como tal) incluso en las partículas elementales. Si traigo a colación el prestigio de las revistas no es como argumento de autoridad, sino para apoyar mi argumento de que la cuestión dista mucho de estar completamente resuelta. Si estuviera resuelta, ¿para qué dedicarle un espacio en ellas a estas teorías alternativas? Pero tal vez ignoro las fuentes que tú tomas, por lo que te pediría encarecidamente si nos puedes proporcionar (a mí y a los lectores del blog) algún artículo o libro en donde tal “evidencia” se presente.

          • Claudio Arrieux

            Le echaré un ojo a los artículos, se ven muy interesantes. En cualquier caso, creo que estamos de acuerdo en lo fundamental. Que la consciencia sea producto de procesos físico-químicos en el cerebro es algo que creo que nadie en su sano juicio cuestionaría, ni siquiera el autor del ensayo que analizo. Lo que los filósofos pampsiquistas plantean -según el artículo de Kastrup- no es tanto que la consciencia no sea producto de la materia (eso lo aceptan casi todos con diferentes matices), sino que la materia sea puramente física. Lo que los pampsiquistas plantean es la posibilidad de que las partículas elementales posean propiedades que van más allá del spin, la carga, el momentum, etc., pues según los detractores del fisicalismo estas propiedades no son suficientes para explicar el surgimiento de la consciencia. Habría, pues, algunas partículas elementales con estas “propiedades fenoménicas” que, sin ser todavía consciencia fenoménica como la nuestra (obviamente), son de alguna manera la base para lo que posteriormente será consciencia en los agregados de materia como nuestro sistema nervioso. En resumen, el pampsiquismo plantea que las partículas elementales ya poseen ciertas propiedades fenoménicas fundamentales. Insisto, no quiere decir esto que los quarks “razonen” o “tengan experiencia”. Sólo significaría que poseen estas propiedades fenoménicas elementales que hacen posible el surgimiento de consciencias complejas como las de los seres vivos.

          • Claudio Arrieux

            Estimado MaGaO, la discusión que sostuvimos en días anteriores me llevó a abundar un poco más en la crítica que se le hace al fisicalismo y en la propuesta del pampsiquismo ascendente, pues hubo cosas que por lo visto no quedaron muy claras. Te invito a que leas la nueva entrega del blog. Saludos!

  2. Rafael Franco

    Muy buen artículo. Estos pensamientos me llevan directamente a recodar la película Solaris de Andrei Tarkovsky donde concretamente Solaris es el océano de conciencia. Tal vez pueda colaborar a dar otra mirada a estas interesantes conceptualizaciones.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *