¿Todo es mente? Los problemas filosóficos del pampsiquismo ascendente

Revisemos ahora los problemas a los que se enfrenta la tesis del pampsiquismo ascendente según la cual las partículas elementales de la materia tendrían “propiedades fenoménicas fundamentales”. Veíamos en dos entradas anteriores la respuesta que daban los defensores del pampsiquismo ascendente a los fisicalistas a la hora de explicar cómo de la materia pueden surgir fenómenos mentales. Recordemos que el fisicalista plantea que todo en el universo se reduce a entidades de naturaleza física, incluyendo nuestra consciencia y nuestros estados mentales. Cuando decimos “entidades físicas” nos referimos por supuesto a los componentes últimos del universo: los átomos, claro, pero en última instancia los quarks, los bosones, los leptones, los neutrinos… en fin, todo ese mundo loco de partículas subatómicas que estudia la física cuántica. El filósofo o científico fisicalista afirma que nuestra consciencia y nuestros estados mentales no tienen nada de “espiritual” ni de “metafísico”, sino que son el efecto de procesos físico-químicos en el cerebro, es decir, el efecto de todos esos elementos reunidos. El problema al que se enfrenta, sin embargo, es el de cómo explicar el paso que hay desde las propiedades meramente físicas de estas partículas elementales (propiedades como spin, masa o carga) a las propiedades estrictamente fenoménicas como el color rojo que vemos en la manzana, el calor que sentimos frente a una fogata o la amargura de una decepción amorosa. Por ello los detractores del fisicalismo objetan que había en la explicación de los fisicalistas algo de ‘mágico’, pues éstos no podían explicar la brecha lógica y causal que hay entre unas propiedades y otras. Ambas propiedades, las físicas y las mentales, parecen ser de una naturaleza completamente distinta; la tesis de los fisicalistas apela, pues, a la ‘magia’ de una emergencia tosca de la mente a partir de la materia que queda sin explicación.

Los fisicalistas a veces responden que la mente es un epifenómeno de la materia, queriendo decir con esto que la mente es un fenómeno que se da “por encima” o “después” (epi) de otro al que consideramos principal, y al que se asocia sin que pueda afirmarse que forme parte esencial de él o que tenga influencia sobre él. En este sentido, el epifenómeno “acompaña” al fenómeno principal, o bien “emerge” de alguna manera de él.[1] Por supuesto, el fenómeno principal para los fisicalistas es la actividad físico-química cerebral, mientras que la mente consciente sería el epifenómeno de esa actividad cerebral. Sin embargo, para los detractores del fisicalismo esto no es suficiente, pues no se gana nada poniendo la elegante etiqueta de “epifenómeno” a la mente si no se puede explicar cómo surge o emerge el epifenómeno de los procesos físico-químicos del cerebro. Ante este problema, como veíamos en nuestra entrada anterior, el pampsiquismo ascendente postulaba que la conciencia es una propiedad de la materia a nivel cuántico. Las partículas elementales de la materia, además de tener propiedades físicas como spin, masa o carga, tendrían también —según los pampsiquistas— propiedades fenoménicas. ¡No que las partículas elementales piensen o tengan consciencia! Simplemente se postula que (por lo menos algunas partículas) tendrían “propiedades fenoménicas elementales” que, gracias al tiempo y a la evolución, a la larga podrían llegar a constituir macro-órganos como el cerebro de los animales, capaces de producir fenómenos mentales como la percepción sensorial, el sentimiento, la imaginación, la voluntad, etc. Por eso se llama pampsiquismo “ascendente”: asciende de las simples propiedades fenoménicas elementales de las partículas más pequeñas, hacia los macro-fenómenos mentales de los grandes órganos del sistema nervioso como nuestro cerebro. Como indica Bernardo Kastrup,[2] la fuerza y el atractivo de este argumento descansa en que el tratamiento que se les da a las propiedades fenoménicas es análogo al que se le da a las propiedades físicas corrientes como spin, masa y carga. Según el pampsiquismo ascendente, la consciencia fenoménica tendría la misma estructura fragmentada que los cuerpos con masa; en otras palabras, así como un tronco de árbol se compone de las partículas elementales que forman sus átomos, nuestra consciencia estaría formada por partículas elementales fenoménicas. Como indica Kastrup, la idea clave es que, al postular propiedades fenoménicas fundamentales, el pampsiquismo ascendente se evade del problema del fisicalismo de tener que explicar cómo emerge la consciencia de propiedades puramente físicas.

Sin embargo, y aunque la especulación filosófica siempre es útil para la ciencia, la elegante propuesta del pampsiquismo ascendente falla, pues la idea de que estados fenoménicos de nivel micro puedan combinarse para formar estados fenoménicos de nivel macro es algo incoherente. Conduce —dice Kastrup— a una variedad de problemas conocidos como “problemas de combinación”.  Un excelente argumento contra el pampsiquismo ascendente lo da Sam Coleman. Bernardo Kastrup lo resume de la siguiente manera:

La experiencia es imposible sin alguien o algo que experimente, es decir, sin un sujeto de experiencia. Por ello, el pampsiquismo ascendente implica que cada ‘partícula fenoménica’, en virtud de que lleva consigo propiedades fenoménicas, instancie algo así como un micro-sujeto. Los macro-sujetos (como tú o como yo) deben de alguna manera surgir a través de la combinación de estos micro-sujetos. Esto lleva al “problema de la combinación de sujetos” si se considera lo siguiente: cada subjetividad (ya sea de nivel micro o macro) debe poseer una perspectiva o punto de vista al que las demás subjetividades no pueden acceder. Así, el campo experiencial anexado a cada sujeto debe ser privado. Ahora bien, dado que estas supuestas propiedades fenoménicas elementales reciben un tratamiento análogo al de las propiedades físicas, aquellas podrían  combinarse como lo hacen las propiedades físicas de los átomos y las partículas elementales. La “combinación” de partículas puede definirse como la formación de un todo en donde sus componentes continúan existiendo en ese todo que conforman, pero son intrínsecamente alterados en su combinación con otros componentes. Por ejemplo, el oxígeno y el hidrógeno se combinan para formar el agua (H2O) sin dejar de existir como elementos separados. Cada elemento componente se ve intrínsecamente alterado en el proceso de formar lazos covalentes con el otro, pero ambos continúan existiendo en la molécula resultante. Si a las partículas fenoménicas fundamentales se les da un tratamiento análogo, debemos entonces decir que los micro-puntos-de-vista de cada partícula fenoménica que te constituye deben ser intrínsecamente alterados en el proceso de combinarse con otro(s) para formar tu punto de vista macro (es decir, tu único portal experiencial a la realidad), pero deben seguir existiendo en ti, justo como los quarks continúan existiendo en los protones, los protones en los átomos, y los átomos de oxígeno en las moléculas de agua. Sin embargo —afirma Coleman— los puntos de vista no se pueden combinar de esta manera. Imaginemos que el punto de vista de una partícula fenoménica elemental es “rojo” y el de otra con la que se combina es “azul”. Si el resultado de la combinación de ambas (en la macro experiencia de un sujeto como nosotros) fuese “morado”, los puntos de vista constituyentes no sobrevivirían a la combinación (como en el ejemplo de la molécula de agua), sino que desaparecerían inmediatamente al formar el “morado”. En suma, en la supuesta “combinación” de partículas fenoménicas elementales, los componentes que forman el todo de la experiencia de un sujeto a nivel macro no pueden continuar existiendo como lo hacen los átomos de oxígeno e hidrógeno en una molécula de agua. Por ello el punto de vista macro de sujetos como nosotros no puede explicarse en los términos de puntos de vista constitutivos de nivel micro. No hay, pues, un modo coherente de fundamentar la existencia de sujetos de nivel macro en la combinación de partículas fenoménicas fundamentales. Lo que es más, tal y como le sucedía al fisicalismo, la combinación de micro-sujetos apelaría a la misma ‘magia’ de una emergencia tosca de la mente a nivel macro, lo que —concluye Kastrup— era en un principio lo que motivaba la tesis del pampsiquismo ascendente.

[1] Fuente: http://www.webdianoia.com/glosario/display.php?action=view&id=388

[2] Bernard Kastrup, “The Universe in Consciousness”, en Journal of Consciousness Studies, 25, No. 5–6, 2018, pág. 132.

 

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